La última actualización de Windows 10 desinstala aplicaciones

A uno le encantaría pensar que los problemas de Windows 10 han quedado atrás, pero la realidad nos enseña que no es así. La última actualización de noviembre debutó con una cantidad considerable de errores, a un punto tal que su disponibilidad offline fue cancelada hasta nuevo aviso, sin embargo, algunos usuarios que sí la recibieron vía Windows Update descubrieron que la actualización borra programas específicos.

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Primero fue su disponibilidad general, después sus detalles de activación, luego la recolección de datos personales, y ahora, programas desaparecidos. Hasta aquí, todo parece indicar que Windows 10 es otra mancha en el expediente de Microsoft, a pesar de que sus números digan lo contrario. Por supuesto, las opiniones están muy divididas. Aquellos que deseaban escapar a toda costa de Windows 8 y encontraron estable al nuevo sistema operativo lo defienden con uñas y dientes, pero los reportes se acumulan, y no estamos del todo seguros que Redmond escuche. Fast Forward a la última actualización general de este mes. Windows Update aún la ofrece, pero su disponibilidad offline se vio interrumpida debido a varios inconvenientes técnicos.

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¿Qué puede pasar si añadimos ese update? Una posibilidad es ver programas desinstalados. Varios usuarios se han volcado a Reddit para indicar que Windows 10 decidió desinstalar software al estilo de Speccy, CPU-Z, y el Catalyst Control Center. Este último ejemplo es especialmente preocupante, ya que las tarjetas gráficas AMD necesitan del CCC para activar funciones avanzadas, como el overclocking y el control de refrigeración. Los programas más afectados son aquellos que interactúan de modo más directo con el hardware. Speccy presenta información sobre nuestro ordenador, y CPU-Z hace lo mismo con el procesador, la memoria y la tarjeta gráfica (en menor medida).

Esto es extremadamente serio. Si una actualización (la cual dicho sea de paso sólo puede ser demorada, pero no cancelada por medios convencionales) tiene la capacidad de desinstalar programas por completo, el control del usuario pasa a ser cero. Otro aspecto muy grave es que Microsoft no da ninguna clase de advertencia sobre el comportamiento del update antes del hecho. A esto se suma una pizca de ridiculez, ya que un usuario reinstaló CPU-Z, y funciona sin problemas. Y para finalizar… Microsoft no tiene derecho a decidir, punto. Hoy es CPU-Z, mañana puede ser el trabajo de media década en el disco duro. Redmond necesita elevar su nivel con urgencia. La paciencia de los usuarios no es algo abundante que digamos…

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